Un excursionista iba por el interior de una ranura profunda de una cañón en el desierto de Arizona cuando se encontró con un cachorro muerto de hambre y en unas condiciones deplorables, casi no se tenía ni en pie.
Sin dudarlo, el excursionista volvió a subir al cañón para reunir comida y unos platos para dejárselos al perro.
Unos días más tarde, el excursionista regresó al cañón con un transportín. Descendió de nuevo por la grieta e introdujo al perro en el transportín. Luego elevó cuidadosamente el transportín a la superficie. El perro fue llevado a un veterinario donde permaneció durante unos días.
Después de la estancia del perro en el veterinario, Anderegg (el excursionista) regresó para llevárselo a su casa. Lo llamó Riley y después de unas semanas en casa el perro comenzó a recuperar su salud.
La transformación es increíble:
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