La última actuación de Tyke, elefante de circo (imágenes duras)

Esto es un ejemplo de lo cruel que puede ser la vida. Si eres una persona especialmente sensible con los animales te recomiendo no ver el vídeo porque es terrible.

La elefanta se llamaba Tyke y su odisea por los circos empezó en el año 1974. En este año fue captura en Mozambique y fue testigo de cómo mataban a toda su familia. A partir de ese momento y durante años sufrió un duro entrenamiento para que pudiera deleitar con sus trucos a los espectadores que acudían al circo.

El entrenamiento de este tipo de animales salvajes se basa en palizas, descargas eléctricas y dejarlo sin comida durante varios días. Lo que hicieron sus domadores fue crear una bomba de odio que acabó por explotar:

[mashshare]

Esta es una asquerosa manía de domar a los animales a base de golpes.

Los verdaderos expertos en la doma de animales saben de sobra que no se puede domar a un animal salvaje sin recurrir a la violencia. Esto no quiere decir que existan casos aislados en los que se pueda hacer más dóciles a determinados animales, pero utilizan métodos de recompensa, nunca de castigo.

En la doma de caballos, por ejemplo, los domadores buenos hacen comprender al animal que son ellos los que mandan pero sin recurrir a la tortura.

Lo mismo pasa con los perros. Recuerdo una vez que leí un caso en el que el dueño de un perro de 9 meses lo sacó al campo. Al perro no le gustaba el coche porque se mareaba y no quería entrar. Cuando se acercaban al coche para regresar a casa el perro entró en pánico y se escapó.

El dueño lo llamaba una y otra vez pero el perro no regresaba. Se escondió en una finca en la que había más perros. Estuvo más de dos horas llamándolo. Cuando por fin lo cogió, le pegó un guantazo en el lomo preso de la rabia. “Para que aprendas”, le dijo.

Lo que el dueño del perro no sabía es que sí aprendió. Aprendió a que cada vez que lo llamaba su dueño pensaba que éste le iba a pegar, e incluso se cagaba del miedo.

Le costó mucho tiempo poder tranquilizar al perrito y poder obtener de nuevo su confianza.

Al final el que aprendió fue el dueño. Aprendió que con un simple golpe que le des a un animal, por mucha rabia que tengas, éste lo va a recordar toda su vida.

Gracias a Dios, el perro perdió el miedo a su dueño y ahora disfrutan ambos de su compañía.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.