¿Sabías que se crearon máquinas vivientes con células de animales?

máquinas vivientes con células animales

No se trata de cualquier creación científica realizada por el hombre; se trata de una ingeniosa creación que fusiona lo orgánico y lo último en tecnología computarizada. Algunos han querido llamar este invento de la biotecnología, “robots vivientes”, pero lo cierto es que es algo sin precedentes en la historia de la ciencia.

¿Quiénes son los promotores y constructores de estas “máquinas vivientes”?

Un equipo multidisciplinario de científicos provenientes de las Universidades de Vermont y Tuft, localizadas en los Estados Unidos, expertos en informática, robótica y biología regenerativa, partiendo del uso de células animales y fusionando ambas disciplinas, crearon estos organismos pre programados que se originaron de sistematizaciones realizadas en un superconmutador y que, posteriormente, fueron materializadas a través del ensamblaje y llevadas al terreno de la práctica.

Joshua Bongard, y Sam Kriegman de la Universidad de Vermont y, Michael Levin director del Centro de Biología Regenerativa y del Desarrollo y, Douglas Blackiston de la universidad Tufts, quienes pertenecen y lideran el equipo responsable del diseño y construcción de estas máquinas de estructura totalmente biológica, se acreditan pioneros o equipo precursor en este tipo de tecnología, que en palabras de Bongard, son “una nueva clase de artefacto, un organismo vivo y programable”.

¿Cómo se desarrolló y concretó la idea de las “máquinas vivientes”? 

Todo parte de investigaciones basadas en los principios de la evolución biológica, los cuales fueron sistematizados en un algoritmo, del cual se podrían crear gran cantidad de modelos o diseños para producir estas novedosas formas de vida.  Posteriormente, incluyeron la aplicación de los principales enunciados de la biofísica, usando las células contenidas en la piel o en tejidos del músculo cardíaco y, una vez emanados los resultados, seleccionaron aquellos organismos que lograron mayor éxito en la simulación, descartando los que no se adaptaron. 

Una vez realizados estos ensayos, los expertos en biología de la Universidad de Tufts, se propusieron a dar vida a los diseños obtenidos del algoritmo evolutivo, usando células madres extraídas de embriones de ranas africanas, las cuales separaron individualmente y pusieron a incubar. El tipo de rana usado, fue la especie “Xenopus laevis” y, es de ahí que deriva el nombre de las máquinas, las cuales fueron llamadas “Xenobots”.

Las células incubadas, fueron trabajadas a través de cortes y uniones, usando pinzas y un electrodo de muy pequeño tamaño; siguiendo o replicando el modelo que había desarrollado el supercomputador, estas células comenzaron a trabajar sincronizadamente, una vez que fueron ensambladas de formas que no han sido vistas en la naturaleza. Además, la información propia de cada célula, se manifestó de manera espontánea según sus patrones de organización, contribuyendo, a que el mecanismo del robot se moviliza por sí solo.   

¿Cuál es la importancia de estos robots vivientes?

La vital importancia le viene dada por lo que son capaces de hacer. Dado a su diminuto tamaño, un milímetro de ancho y, a que son capaces de movilizarse por sí solos hacia un determinado objetivo y autocurarse cuando han sido cortados, los xenobots, servirían como medio de transporte para trasladar una carga específica dentro del organismo de un paciente, para atender una necesidad de salud en una zona en particular, es decir, un fármaco o medicamento.

Otra de sus hazañas, sería la de movilizarse para detectar material microscópico, como partículas afectadas por contaminación radioactiva; también serían de gran utilidad para fines ecológicos, ya que, igualmente podrían localizar partículas de plásticos en ríos u océanos. Otra gran utilidad, sería la de movilizarse a través de las arterias y servir de agente de limpieza de estas vías sanguíneas.

Un dato importante de estos organismos que, sin duda alguna, serán de gran utilidad en el campo de la medicina y la conservación del medio ambiente, es que su estructura es biodegradable, es decir, son robots que, al cumplir con su misión, al cabo de siete días, solo son restos de células de tejidos muertos.   

La ciencia parece no tener límites y, al ver este tipo de creación, podemos tener esperanzas de que muchas de las enfermedades que hasta ahora parecen incurables, pueden ser sanadas por inventos de este tipo.   

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